Toni Comín inició su carrera política en el socialismo catalán, al calor de los amigos millonarios de su padre – un político comunista fallecido prematuramente – y siempre ha tenido un aspecto frívolo y de niño pijo. Luego se pasó a Esquerra y es de los más radicales. Fue de los primeros en huir y desde Bruselas lanzó gritos contra España. Recientemente se supo que estaba mendigando trabajo porque los ahorros se acababan y de algo había que vivir.

 

Ahora ha indignado a Puigdemont tras conocerse que ha pedido su credencial como diputado, cuando la estrategia es que todos los diputados electos en situación de cárcel o de huida renuncien para asegurar la mayoría. La única excepción sería Puigdemont a quién si le toleran ser – o almenos intentarlo – Presidente a distancia.

 

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