El perroflautismo se extiende por toda la geografía catalana. Alentado por las CUP, Colau y radicales de toda clase y condición y amparado, tolerado e incluso promocionado por otros sectores independentistas como el pago del alquiler a los okupas por parte del ex-alcalde convergente Xavier Trias. O la tolerancia de muchos Ayuntamientos convergentes a estos movimientos con la esperanza que se pasen al independentismo y así no den excesivos problemas.

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Han creado un monstruo y ahora lo sufren en sus propias carnes. El último ejemplo es el de Berga, una localidad catalana gobernada por la CUP. Un grupo de perroflautas ha okupado un edificio en pleno centro del pueblo, con el objetivo de “llenarlo de vida, de gente y de lucha”. La única realidad es que, cuando se mete gente así en una zona, el precio de las viviendas de la gente normal se reduce drásticamente y los problemas de convivencia no paran de sucederse.

El único partido crítico con la acción de los okupas ha sido el Partido Popular. Su portavoz en la localidad, Juan Antonio López Noguera ha criticado la okupación aunque ha afirmado que con un gobierno de radicales antisistema como el que gobierna en Berga es normal que pasen esas cosas. Que la única actuación que se puede esperar del gobierno municipal es para ayudar a los okupas.




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